viernes, 18 de octubre de 2013

Shimazaki Tôson

Uno de los más importantes escritores en el Japón de principios del siglo XX, a partir del cual se empieza a hablar de un naturalismo japonés. Shimazaki Tôson fue un autor dedicado, que antepuso su obra a absolutamente todo lo demás, ya fuera esto su trabajo o su familia.

Fuente: Wikimedia Commons

A pesar de que su carrera literaria se inició con un libro de poemas, Colección de hierbas jóvenes (Wakanashû若菜集), el interés que este autor mostraba por la observación y reproducción de la naturaleza, pronto empezó a encaminar su obra por otros derroteros. Encontramos ya una primera expresión de esta en unas crónicas redactadas en su etapa como profesor en la zona de Sendai, en las que relataba al milímetro cómo las nubes iban cambiando y cómo los ríos fluían. Se trata propiamente de fotografías escritas. También supuso una gran influencia para su desarrollo en este sentido, su amistad con Tayama Katai, precursor de la novela del yo, con el que compartió lecturas de autores occidentales como Zola, Stendhal y Dostoievsky. Este último tendría una grandísima influencia sobre la primera obra de ficción publicada por Shimazaki; El precepto roto (Hakkai,破戒), considerada como la primera novela naturalista japonesa.

La redacción del manuscrito supuso un auténtico infierno. Mientras lo escribía, las tres hijas del autor murieron de hambre y enfermedad, en lo que su padre consideró un sacrificio en favor de la literatura. Una vez el libro estuvo terminado,en 1906, Tôson pagó de su bolsillo una edición de 1.500 ejemplares  y salió con una carretilla a venderlos por la calle, convencido del valor de la obra que había creado. Por suerte, la sociedad japonesa compartió su opinión—Sôseki llegó a llamarla la primera novela japonesa digna de ese nombre—y el éxito fue inmediato. Donald Keene acusa al libro de retratar unos personajes pobremente dibujados y de terminar de una forma poco creíble, pero sea esto cierto o no, nos encontramos ante una obra de efectividad innegable, en la que el resultado de la tensión se resuelve de manera más satisfactoria que en otras obras posteriores de Shimazaki.


 El precepto roto narra la historia de un joven burakumin (部落民) a quien su padre prohíbe en su lecho de muerte revelar su origen de descastado. La obra funciona principalmente como un retrato psicológico de Ushimatsu, el maestro rural que se debate entre la piedad filial y el sentido de injusticia que le provoca la situación de los antiguos parias. También observamos su constante paranoia y su miedo a ser descubierto, narradas en un tono que recuerda en gran medida a Crimen y castigo. Si bien es cierto que la influencia de la novela rusa es omnipresente a lo largo de toda la historia, no puede negarse que el libro de Shimazaki constituye una creación considerablemente original dentro de la corriente literaria de su tiempo, si no por estilo, por tema; por primera vez se reflejaba en una novela el trato discriminatorio sufrido por el estrato más bajo de la sociedad nipona. 

Los burakumin, habían sido los encargados, bajo el nombre de eta (穢多), de realizar las tareas consideradas denigrantes o sucias por el común de los japoneses hasta la llegada de la Restauración Meiji. Sin embargo, su conversión en "nuevos ciudadanos" había supuesto para este grupo tantos perjuicios como beneficios, ya que no sólo hizo que perdieran el monopolio sobre trabajos como la confección de cuero, sino que la discriminación anterior se mantuvo entre el resto de la población. El precepto roto supuso un hito en este sentido, al margen de su excelente calidad literaria.


Obras disponibles en la biblioteca: El precepto roto (donado por Satori Ediciones).

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