viernes, 8 de mayo de 2020

Club de lectura: País de nieve - Semana 2 – Cámara, ¡acción!


¡Volvemos a la carga con País de nieve
                    
¿Cómo lleváis la lectura? ¿Os está gustando?

La semana pasada mencionábamos la calidad “haiku” que tenía la prosa de Kawabata y compartíamos las imágenes que más nos habían impresionado. Pero ¿no hay algún fan del cine que se ha sentido como si estuviera “leyendo” un storyboard?

Comenzamos leyendo la obra desde su connotación más poética, desde los parámetros del haiku. Es esta la característica más sobresaliente, en parte, porque el autor así se publicitó ante el mundo. Como una suerte de manifiesto, Kawabata se adscribe a lo más tradicional de Japón durante su discurso de aceptación del Nobel de Literatura.

Pero la modernidad se cuela entre las rendijas de la novela. El Japón tradicional no es más que un conjunto de imágenes que se proyectan en la conciencia común, una suerte de estándar mediado. El cine, como forma artística que inmortaliza una imagen cualquiera y, a fuerza de poder traerla al presente cuantas veces sea visionada, se vuelve “la imagen primigenia”. Pensemos en cualquier adaptación de un libro a película, ¿cuántos personajes hemos visualizado de una forma en nuestra imaginación que luego son sustituidos por la figura del actor que les encarna, aunque no case con nuestro prototipo imaginario? ¿Es esta una crítica que hace Kawabata a las nuevas tecnologías o es el guiño cómplice de un admirador del séptimo arte?

El cine fue, a partir de los años veinte, uno de los mayores placeres artísticos de muchos autores de la época. Se podría mencionar a Jun’ichiro Tanizaki quien fue un impulsor la industria cinematográfica japonesa. Kawabata, por su parte, no solo fue un ávido consumidor y crítico de películas (tanto japonesas como extranjeras), sino que participó en el guion de una, Una página de locura (1926). Esta incursión en el cine fue quizás el detonante de esa famosa primera escena de País de nieve, en la que Shimamura relata el juego de espejos que vive en su trayecto de tren. El lenguaje corto y altamente visual nos puede remitir a una cámara:

En el cielo nocturno, por encima de las montañas, el crepúsculo había dejado unas pinceladas purpúreas, y todavía cabía distinguir, a lo lejos, en el horizonte, la silueta de los picos aislados; pero, en la proximidad, el desfile del paisaje montañoso era constante,  aparecía sumido ya en las tinieblas, y enteramente desprovisto de color.” (p.21)

Múltiples interpretaciones se le pueden dar al uso de cine como elemento en Kawabata. Se podría decir que el autor nos quiere demostrar que vemos nuestra propia existencia, incluso nuestra propia naturaleza condicionados por los prismas de nuestra modernidad y de la que solo somos espectadores, nunca actores. Shimamura es un ente pasivo que rehúye a la acción, rehúye a las emociones y se contenta en contemplar la vida pasar.

Todo ello se producía con la máxima naturalidad; hubiérase dicho que aquellos dos seres, ajenos al tiempo y al espacio, se disponían a proseguir eternamente su viaje y a profundizar interminablemente en la distancia. Tal vez por eso Shimamura […] contemplaba la escena sin la menor emoción, como si se tratase de un pequeño juego dentro de un ensueño inconsciente” (p.20)

Podríamos aventurar también que esta es una crítica a la sociedad japonesa, quien se dejó encantar por los discursos de “modernización” de los años veinte y, una década después, por el fascismo de la guerra.

Podría ser un comentario a sí mismo, el hombre de los mil prismas, que retrataba Japón hasta el punto de volverse la imagen de Japón, tal y como los personajes de una película terminan suplantando a la imagen del personaje literario original.
  • Existen adaptaciones al cine del libro País de nieve. Si las has visto, ¿te parece que son adaptaciones exitosas del estilo de Kawabata?
  • ¿Qué otros libros conoces que beban de la estética cinematográfica?

¡Animaos a participar dejando vuestros comentarios!

¡Feliz lectura!

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