«Los sentimientos son una cosa y el deber es otra». Así podríamos definir la vida de Mori Ôgai, cuyo nacimiento el 17 de febrero de 1862 celebramos el pasado viernes.
🇩🇪Médico militar y escritor, Ôgai es recordado por su viaje a Alemania en plena Era Meiji, aventura de la que sacaría temas para sus obras. Fruto directo de su viaje fue “La bailarina” (1890 @editorial_impedimenta), historia del amor imposible que él mismo experimentó.
💙Desengañado tras la guerra ruso-japonesa, escribe “Vita sexualis” (1909 @editorialtrotta), rompedor y censurado por el gobierno debido a su «obscenidad», caso similar a lo que ocurriría con el “Amante de Lady Chatterley” de D.H. Lawrence años después.
🦢“El ganso salvaje” (1911 @acantiladoeditorial), fue su intento de adaptarse al modelo de novela larga europea, aunque, como afirma el especialista en literatura japonesa Carlos Rubio, Mori no llegó a dominar del todo el estilo novelesco europeo, si bien era un experto incomparable del relato corto.
🎌1912 marcaría un antes y un después para Ôgai, siendo el año en que muere el Emperador Meiji y se suicida el general Nogi, un evento que le impresiona profundamente. De su anterior etapa como ‘provocateur’, Mori pasó a interesarse por el honor y la lealtad feudales, en especial por el ‘junshi’ (殉死). Fruto de esa pasión nacerán “La familia Abe” (1913 @satoriediciones) o “El intendente Sanshô” (1915 @edcontrasena) dos de sus obras más populares, aceptadas unánimemente por público, crítica y autoridades.
🎓Para sus relatos cortos históricos Mori no escatimó en erudición y todo lujo de detalles. Tampoco ahorró en desgracias y episodios macabros, que le permiten hilvanar un intenso ‘tour de force’ de superación, con cierto corte budista, o diríamos incluso estoico, en el que la tragedia se torna en fortaleza, y que recuerda veladamente a Friedrich Nietzsche: «Lo que no me mata me hace más fuerte».
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