viernes, 18 de septiembre de 2020

Club de lectura: El minero - Semana 3 - El alma de las cosas

Si os preguntamos “¿quién eres?”, ¿qué responderíais?


El protagonista de El minero no puede recurrir a la respuesta más común, que es la de dar un nombre. Ni siquiera podemos dar una descripción de él, más que decir que es joven, poco experimentado y que tiene 19 años, único dato biográfico que mantuvo Sōseki de su modelo en la vida real.

El yo, el individualismo, la persona, el corazón… estos son temas a los que Sōseki vuelve una y otra vez a lo largo de su carrera, pero El minero presenta una anomalía que obras como Kokoro no tienen, a saber, que no hay ningún afán didáctico, ninguna esperanza de obtener una respuesta, ni si quiera una moraleja sobre lo que es el ser humano. Quizás es por esto que las largas reflexiones y monólogos incomodan y perturban más al lector.

No creo que exista algo llamado carácter… Es muy difícil plasmar en un personaje de novela a una persona real” es una de las frases que nos suelta nuestro protagonista y a partir de entonces la novela misma se esfuerza por negar la existencia de todos sus personajes, quitándoles nombres, estatus, voz y motivación, todo lo que normalmente asociaciones a lo que “es” una persona. El humano pierde toda significación social, por así decirlo. 

Fuera de esto, nos queda la corporeidad. Pero el narrador no nos permite acercarnos a este yo físico, puesto que el cuerpo y hasta la naturaleza misma se fragmenta y a nuestros ojos solo llegan retazos inconexos: una cara, una boca, unos pies, los ojos, los dedos, los dientes. Casi como si nos encontrásemos frente a una pintura de alguna vanguardia, donde los cuerpos se esconden o insinúan bajo figuras geométricas, simples manchas, o como el mismo Sōseki escribe "no podía quitarme de encima la sensación de encontrarme frente a una fotografía borrosa".

Al finalizar la novela, toda esta reflexión no le ha servido para nada; su experiencia como minero no le hace crecer ni cambiar en lo más mínimo. No hay ni revelación ni conclusión satisfactoria. Más bien, como si las palabras ya no bastasen, nuestro protagonista calla poco a poco y se acomoda como puede en su propia piel enferma “El destino me había arrastrado hasta ese lugar… quedarme ahí sería lo más cómodo, lo más sencillo. Quedarme y marchitarme.

  • ¿Qué pudo significar su descenso a los infiernos? ¿Detectan alguna crítica social en este libro?

¡Ya queda poco para la sesión final!

La reunión final será virtual a través de ZOOM el viernes 25 de septiembre. Las plazas para ambas sesiones se han agotado, pero el próximo miércoles 23 a las 19h horas tendremos una mini-charla live en nuestra cuenta de Instagram, en el que podréis intercambiar todas vuestras impresiones sobre el libro. 

¡Feliz lectura!

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