miércoles, 29 de mayo de 2013

Tanizaki Jun'ichirô

Un autor que evolucionó desde el pro-occidentalismo más ferviente hasta el redescubrimiento apasionado de la belleza propia de Japón. Aunque provocador y controvertido (quiso ser una especie de Oscar Wilde), las obras de su etapa madura son una lectura imprescindible para quien sienta predilección por la literatura japonesa.

File:Junichiro Tanizaki 1913.jpg
Tanizaki Jun'ichirô (1886-1965)
Fuente: Wikimedia Commons



Tanizaki fue, ya desde su juventud, una persona despreocupada y de costumbres alegres. A pesar de que su excepcional inteligencia le valió la oportunidad de estudiar aun siendo de origen humilde, acostumbraba a gastarse el dinero que sus padres le enviaban para la universidad en  bares o prostitutas y rara vez pasaba por clase. Pasó también unos años acogido en una familia pudiente, pero le expulsaron cuando se hizo público un affaire que el muchacho tenía con una criada de la casa. La primera motivación que le llevó a publicar, fue la necesidad de pagar sus deudas. Su primer relato breve, El tatuaje (Shisei, 刺青) refleja ya claramente uno de los temas que serán su obsesión durante el primer periodo de su carrera literaria: la mujer hermosa y malvada, cuya crueldad es creada por el hombre que la busca. Se trata de una sensual historia, ambientada en en el periodo Edo, en la que un tatuador está obsesionado con plasmar su obra maestra sobre la piel de la mujer más hermosa de todas. Ambientar sus historias en el pasado, como estrategia para dotar a sus obras de un aire más onírico, es una técnica que estará también presente en obras posteriores como Retrato de Shunkin (Shunkinshô, 春琴抄), El cuento de un hombre ciego (Mômoku monogatari,盲目物語) o La madre del Capitán Shigemoto (Shôshô Shigemoto no haha, 少将滋幹の母). Sin embargo, en estas primeras publicaciones, los rasgos más definitorios de Tanizaki son el esteticismo y el masoquismo.


Esta primera época del autor es llamada por el eminente crítico Donald Keene "la época mala" de Tanizaki. Pues si es innegable que escribe con elegancia y encanto, la gran mayoría de su producción anterior al Gran Terremoto de Kantô en 1923 es un tanto sensacionalista y auto-indulgente. Uno de los ejemplos más notables de esto aparece en el cuento Diablo (Akuma, 悪魔), en el que un hombre lame los mocos del pañuelo de su amada, así como en las  desagradables escenas de tortura sobre las que se inclina el extasiado rostro de una concubina china en El unicornio (Kirin, キリン). En años posteriores, el mismo escritor repudiaría estos escritos, por su falta de sutileza e incluso lucharía por que fueran excluidos de las recopilaciones de su obra. El inicio del gran cambio en su visión global y en su manera de escribir, se daría con la tragedia que en 1923 le llevó a abandonar su casa en el barrio europeo de Yokohama para mudarse a la zona de Kansai.

Quizás fuese el efecto de unas tradiciones mejor guardadas que en Tokio, o el descontento con sus ideales pro-occidentales, pero la primera novela que empieza a publicar, una vez instalado en esta zona, contiene por primera vez un ligero tono de crítica hacia sus tendencias anteriores. Naomi (Chijin no ai, 痴人の愛) relata la historia de un hombre que adopta a una jovencita de quince años, con la intención de convertirla en la perfecta esposa occidental. Por supuesto, el experimento resultará demasiado exitoso y el hombre pronto quedará reducido a una marioneta de la voluntad de Naomi. Esta es sin duda, una de las obras más interesantes de la juventud de Tanizaki y el inicio de su mejor producción.


Su re-descubrimiento de la estética japonesa se ve con mayor claridad en la novela Algunos prefieren las ortigas (Tade kuu mushi蓼喰ふ蟲) y en el ensayo Elogio de la sombra (In'ei raisan陰翳礼讃); en este compara la inmediatez y brillo de la cultura occidental con la sugerente sutileza de la japonesa, incluso en elementos aparentemente insustanciales. Las imágenes que conjura a partir de la descripción de un cuenco o incluso de un retrete poco tienen que ver con sus chocantes relatos de juventud. De lo que no cabe duda, es de que los libros que publicó durante estos años han gozado de una popularidad imperecedera. Es cierto que sus textos no tienen la profundidad o la preocupación social de otros autores, pero su prosa es cuidadosa y sugestiva y sus libros ofrecen una lectura que no deja marchar al lector con facilidad.

Para los interesados en las versiones cinematográficas, o que no tengan tiempo o ganas de leer demasiado, las novelas de Tanizaki han sido llevadas al cine en numerosas ocasiones, pero son destacables La señorita Oyu de Mizoguchi, versión de El cortador de cañas (Ashikari, 蘆刈) y Las hermanas Makioka de Ichikawa Kon. La historia del fan y la cantante incluida en Dolls de Kitano Takeshi también resulta interesante como una moderna vuelta de tuerca al Retrato de Shunkin.


Obras disponibles en la biblioteca: Jotaro el masoquista (Bid & Co Editor, incluye La tristeza del hereje), Arenas movedizasEl cortador de cañas, La madre del capitán Shigemoto, Retrato de Shunkin, Siete cuentos japoneses (Ediciones Siruela), Eloxio da Sombra (Rinoceronte Editora).


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