viernes, 5 de junio de 2020

Club de lectura: Geishas rivales - Semana 1 – Llevando la contraria

¡Bienvenidos al Club de lectura! Este mes vamos a leer por partida doble, ¿estáis preparados?

Al presentar el ciclo “Elemental” se hizo mención a la idea de que la literatura japonesa, sus cánones y consideraciones artísticas se establecieron a principios del siglo XX. Tensión contenida, piedad filial, poesía, naturaleza son todos temas que nos parecen muy japoneses... puesto que los mismos japoneses los identificaron como tal y se aferraron a ellos en un momento histórico que les definirá frente a los ojos del mundo. En esta sesión de reflexión vamos a hacer un pequeño repaso histórico que, con un poco de suerte, nos ayudará a entender mejor la posición que los autores de Geishas rivales y El elogio de la sombra tomaron a principios de siglo al escribir sus obras.

Hemos tocado brevemente en otros libros, principalmente al hablar de autores como Higuchi Ichiyo, Tanizaki y Soseki, cómo Japón se lanzó a una carrera frenética en pos de Occidente. Los esfuerzos del gobierno desembocaron pronto en un “milagro japonés” que llevó a una nación arraigada en un sistema moral confusiano y de raíces feudales a competir con los grandes imperios en la escena mundial, tanto militar como comercialmente. Para el país esto resultó en una verdadera metamorfosis, en la transformación de la capital en un laberinto caótico de construcciones, cambios, destrucción y renovación. Barrios enteros caían devorados por el progreso, cambiando irremediablemente el mapa geográfico y cultural. Muchos intelectuales, entre ellos Kafû, lloraron amargamente esta pérdida que hoy, sin embargo, es admirada por los turistas como parte del encanto del país japonés donde “tradición y modernidad se dan la mano”.

El cambio físico, sin embargo, se circunscribe a las ciudades, principalmente a Tokio. Hacemos bien en recordar que las zonas rurales y las zonas marginales se mantienen relativamente ilesas, ignoradas por el monstruo de la civilización. Muchas personas emigran de los campos a las ciudades y otras cuantas se ven empujadas de sus distritos a las afueras.

Lo que se muestra mucho más complejo es el cambio de visión y de pensamiento. He aquí el problema real con el que se enfrentarán primero los intelectuales, seguidos pronto por el sistema político, familiar y social de Japón. La modernización Meiji busca transformar un país que ve atrasado a través de imitar el know-how extranjero, por lo que en los último años del siglo XIX envía a sus pensadores y científicos a vivir en el extranjero, como una suerte de espías culturales. Las órdenes son muy claras: ir a los países de occidente y aprender sus costumbres, su forma de ser y su tecnología para regresar a Japón y enseñarlo a las masas. Esta táctica, sumamente práctica y fructuosa, envió a estudiosos de todo tipo que, una vez de regreso a tierras japonesas, traen consigo conocimientos y gustos extranjeros, libros y literatura nuevas. Del romanticismo y del realismo nace la interpretación de la novela, que se llamará shishosetsu (novela del yo) y más adelante vendrán las vanguardias y la literatura de corte marxista. Occidente marca la pauta, Occidente es la meta. De hecho, Occidente es la civilización por antonomasia, por lo que todos los esfuerzos deben dirigirse en imitar y superar el modelo.

Estos espías, tocados por el progreso, regresan irremediablemente cambiados. Han visto (y sufrido, en algunos casos) el progreso, y ven con angustia la forma en que Japón se desvive por imitar a Europa y América, en lugar de reflexionar cómo adaptar su individualidad particular al modelo occidental.

Es por esto que, a partir de la primera década de los 1900, comienzan los problemas.

Japón está en su mejor momento: se siente triunfal tras haber ganado la guerra Ruso-Japonesa, cuenta con un puesto en lo que la Sociedad de las Naciones, territorios extranjeros y poder comercial. En teoría todo ha salido de acuerdo al plan, pero ya los intelectuales y artistas acusan un malestar. La otra cara de la moneda es que los resquemores que quedaron después de la Primera Guerra han salido al paso y la economía no va del todo bien, lo que afecta negativamente el comercio y las exportaciones. Los países que había derrotado Japón comienzan a dar problemas y a repelerles, creando disgusto y ataques de xenofobia. El orgulloso Japón comienza a sentirse presionado y manipulado por agentes extranjeros en lo que respecta a su política exterior.

Todo esto desembocará en una oleada de sentimiento patriótico denominado Nihon he no kaiki (regreso a Japón), es decir, redescubrir lo que es verdaderamente japonés, la pureza de la raza japonesa y de lo que es propiamente de allí. Poco a poco se comienza a debatir sobre qué es lo verdaderamente japonés, qué los separa y hace únicos. Lamentablemente esto responderá más a un afán político de apoyo al gobierno, cada vez más militarizado y radical, que a las advertencias que hicieran los intelectuales como Kafû a principios del siglo XX. Es por esto que pronto veremos libros, poesía, música y arte cargados de motivos, personajes y estilos considerados propiamente japoneses. Consumidos por un celo patriótico los artistas dedican su esfuerzo a recorrer el país y animar a la población y a las tropas. Por supuesto, cualquier iniciativa que huela a occidente es callada, ya sea por presión o por represión.

Hubo un segundo grupo de intelectuales que atajan el Nihon he no kaiki desde otra perspectiva: estos escritores suelen ser hombres y mujeres de mundo, que han vivido en el extranjero por cierto tiempo y que conocen de primera mano el Occidente tan anhelado. Conocen todas sus bondades y también todos los problemas que conllevan. Este grupo se plantea, no recrear a ciegas un Japón occidentalizado o un Japón puro, sino cómo amalgamar el nuevo Japón, el que está ineludiblemente creado por lo nuevo y lo antiguo, de una manera armoniosa. Dos características marcan su producción: la primera es el desdén por la sociedad de consumo de la era Meiji y Taisho, la segunda es el uso y adaptación de lo que aprendieron en el extranjero para crear obras que perdurarán hasta nuestros días como un ejemplo de la mejor literatura. Podríamos aventurar una tercera característica, y es que muchos de estos intelectuales guardaron silencio durante los años de la guerra, ya fuera para evitar la censura, ya fuera como su manera de protestar contra el celo patriótico que arrasaba con la nación y la vida de muchos hombres y mujeres dentro y fuera de Japón.

Si ya habéis comenzado a leer Geishas rivales, escrita por entregas entre 1916 y 1917 (que Kafû hizo publicar por su cuenta en 1918 y que se vio censurada en todas las escenas “moralmente inapropiadas”), seguro os preguntaréis a qué grupo pertenece su autor. No contento con simplemente señalar el problema ni lo suficientemente ciego como para participar en él, Kafû intentó activamente cambiar el mundo que le rodeaba a través de su literatura, echando mano a la nostalgia y al poder de reconstruir en su obra un Japón de antaño desde las sensibilidades occidentalizadas del presente. En una muestra perfecta de su carácter, Kafû terminó creando un tercer grupo, donde solo cabría él: cuando la guerra censuraba toda su obra y las traducciones de la literatura francesa que tanto amaba, lanza un manifiesto personal en su ensayo Hanabi (Fuegos artificiales)Ser un escritor era solo causa de pesar y vergüenza. Me pareció que no había otra salida más que rebajar el nivel de mis escritos a la mera frivolidad de la época Edo… decidí que, en lugar de escandalizarme por la decisión [de los artistas de Edo] de saborear la experiencia de escribir o dibujar historias eróticas, iba a admirarles.”

Kafû el licencioso. Kafû el mujeriego. Kafû el huraño. Todos estos epítetos le valió su posición frente a un Japón que no terminaba de ajustarse a su visión de mundo. En una actitud que recuerda a la de Yukio Mishima como un performer que vive su arte, Kafû optó por reconciliar su ser japonés apostando por su propia versión del Orientalismo europeo, cambiando el patriotismo por la melancolía del desarraigo.

  • En vuestra opinión, ¿cuál es el papel del intelectual en tiempos difíciles? ¿Qué opináis de la posición que tomó Nagai Kafû?

La reunión final será por videoconferencia a través de ZOOM ‪el viernes 26 de junio. Las plazas para esta sesión se han agotado, pero os recordamos que todos los viernes del mes de junio animaremos la lectura publicando en nuestras redes sociales (blog e Instagram) preguntas de reflexión y debate.

¡Feliz lectura!

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